Una revista de literatura me ha publicado un cuento :D


Lupanal, una revista de literatura argentina, ha publicado un cuento mío. Me ha hecho mucha ilusión y es todo un honor. Ésta es una gran manera de comenzar el día. Muchas gracias a Ramón y a Lucía.

Por cierto, aquí tenéis el cuento:

Empieza un nuevo día. Te levantas, te desperezas, te miras al espejo, te mojas la cara, vuelves a mirarte en el espejo. Sí, sigues ahí, patético e irrelevante, como siempre. Desayunas, un vaso de leche fría, nada más. Te vistes de manera tan impersonal como de costumbre. Antes de salir por la puerta de casa vuelves a mirarte en el espejo. Sí, la mirada inexpresiva, tu esbozo de sonrisa, tu nariz increíblemente normal, ni grande ni pequeña, tu pelo, corto, para evitar peinarte
y tú. Hay personas que pasan a la historia, tú sólo pasas.

No cruzas ni una palabra con tu vecina en el ascensor. Tampoco parece importarle mucho. Sales igualmente en silencio. Hace un día gris, qué curioso, como tú. Caminas rehuyendo la mirada de los demás, bueno eso crees, realmente eres tú quien evitas mirar a los demás, ellos no se fijan en ti. Ves como se acerca una compañera tuya del
colegio y bajas la cabeza para no saludarla. No tienes nada de qué hablar con ella, pero aunque lo tengas, no te molestes, ella no se acuerda de ti. Sigues tu caminar y ves un niño del que no puedes apartar la mirada. Te observa fijamente, pero tú prosigues con tus andares apresurados, como si llegases tarde a algún lado, pero sabes que nadie te espera.

Recorres el resto del camino hasta la parada del autobús con la imagen de la mirada del niño fija en ti. Te preguntas, si tendrás una mancha en la cara o en la ropa, pero tu reflejo en la puerta de una finca desmiente esa teoría. De repente, oyes un grito y … ¿un disparo? Sin darte tiempo a reaccionar notas como te empujan al interior de una furgoneta, mientras te gritan atropelladamente. Pobre infeliz, eres el rehén de una banda que acaba de atracar un banco. Mientras, en la calle, entre el
estruendo, nadie se ha dado cuenta de tu secuestro.

Intentas no mostrarte asustado, pero lo estás y mucho. Estás empapado en sudor. Una cosa increíble que ocurre en tu vida y resulta ser esto, cruel destino. Los secuestradores se echan la culpa unos a otros de haberte cogido como rehén, discuten, les notas nerviosos. Intentar articular algunas palabras con sentido como “si me sueltan no les denunciaré” o “sería mejor para todos que me dejasen en libertad” pero finalmente gritas…

Cretino. Callas cuando no debes y cuando debes callarte, no sólo no te callas, sino
que además gritas. Tu grito no provocó el efecto que tú esperabas, más bien el contrario. Conseguiste sobresaltar al único de los encapuchados que llevaba un arma, pobre desgraciado, que disparó accidentalmente. La bala podría haber impactado en cualquier lugar del interior de la furgoneta, incluso salir por la ventana que estaba
abierta, pero no, ese no era su destino. Tu muerte fue instantánea, ni te enteraste. Hay que reconocer a tu favor que tus captores dejaron de discutir, ahora sí tenían muy claro qué hacer contigo. Te abandonaron en un bosquecito cercano a la ciudad, oculto entre la maleza. El robo al banco nunca fue resuelto y además nadie relacionó tu desaparición con él. Pasados dos años se recuperó tu cadáver, pero no archivaron tu búsqueda pues confundieron tus restos con los de un rico heredero también desaparecido por las mismas fechas. Ahora yaces en el panteón familiar y recibes visitas bastante a menudo de gente que, por supuesto, no conoces. Por cierto, quizás sigas intrigado en la mirada de ese niño, no te molestes más, no te miraba a ti, es más, no miraba a nadie, era ciego.

Comentarios

alegría ha dicho que…
guau O_O